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domingo, 29 de mayo de 2016

La Eucaristía es nuestra fuerza


"Todos comieron hasta saciarse y se recogieron doce canastos de sobras". Lc 9, 17

En muchos países este domingo se celebra la solemnidad de Corpus Christi, en otros ya se celebró el jueves. De todos modos, la Iglesia Católica propone esta sencilla reflexión sobre este gran misterio.
Ciertamente la Eucaristía es, entre los dones de Dios confiados a la Iglesia, uno de los más preciosos y esto lo confirma el propio nombre: "Santísimo Sacramento". Jesús encontró un modo sencillo pero muy fuerte de permanecer en nuestro medio y alimentarnos en todo nuestro caminar hacia Dios.

El primer recuerdo que nos viene en mente es el 'Maná' del desierto que, regalado por Dios de un modo igual para todos, cada día durante cuarenta años, no podía ser acumulado, y así hizo con que aquella gente cambiara la mentalidad, aprendieran a compartir, a vencer el egoísmo, a ser solidarios. También la Eucaristía quiere ser esta escuela de Dios. A través de la comunión frecuente, Dios quiere ir transformando nuestros valores, nuestros proyectos, nuestras actitudes, nuestros sentimientos en los mismos que tenía y vivía Jesús. Comunión que no es sólo comer, sino también meditar, rezar y sentirse desafiado a dar un nuevo paso en la dirección del Único Bien.

En segundo lugar, la Eucaristía es memorial permanente de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. "Es cuerpo entregado por vosotros... es sangre derramada por vosotros" No es un cuerpo cualquiera, es cuerpo entregado, donado, sacrificado... no es una sangre cualquiera, es sangre derramada, ofrecida... Nos hace recordar un proyecto de Vida. Nos desafía: "Hagan esto en memoria mía." Mientras, tantas veces, solamente pensamos en nosotros mismos: ¿cómo ganar más?; ¿dónde tener ventajas?; ¿cómo vengarme? La Eucaristía es el sacramento de la donación completa. Es propuesta de otra lógica para vivir en el mundo.

En tercer lugar, la Eucaristía y la Iglesia participan del mismo misterio: ambas son cuerpo de Cristo, ambas hacen presente a Jesucristo en nuestras vidas. Y ellas están íntimamente ligadas, a tal punto que no se puede hacer Eucaristía sin la Iglesia, como tampoco sin la Eucaristía, la Iglesia no puede sobrevivir. San Agustín decía que cuando comulgamos recibimos lo que nosotros somos.

¡Que la Eucaristía sea nuestra fuerza!