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jueves, 19 de mayo de 2016

San Crispín de Viterbo

San Crispín de Viterbo, pintura mural sobre madera hecha en 1808.
Su nombre fue Pietro Foretti. Nació el año 1668 en Viterbo, ciudad italiana situada a unos 80 Km al norte de Roma. Huérfano de padre, la madre se ocupó de su educación religiosa. Hasta los 25 años trabajó en el taller de un tío suyo que era zapatero. En 1693 vistió el hábito capuchino. Optó por ser hermano lego para imitar a san Félix de Cantalicio.

Estuvo en diversos conventos ejerciendo tareas domésticas hasta que, en 1709, fue trasladado a Orvieto, donde comenzó a ejercer el oficio de limosnero, en el que permaneció casi cuarenta años, dando admirables ejemplos de amor a Dios, devoción a la Madre de Jesús y caridad hacia el prójimo, en especial los pobres. Desde siempre se le ha llamado y con razón el santo de la alegría franciscana. Murió en Roma el 19 de mayo de 1750.

En Wikipedia, se citan las siguientes anécdotas de San Crispín de Viterbo:

- Su madre le había enseñado a poner toda su confianza en la Virgen María y de recurrir a Ella en toda circunstancia. Un día cuando está trepando un árbol con tres compañeros, una rama se rompe, y caen sobre las piedras. el pequeño Crispín lloró inmediatamente: «Santa Virgen María, ¡ven en mi ayuda!». Sus amigos fueron gravemente heridos y Crispín se levanta sin un rasguño.

- En todos los conventos a donde le enviaban, Crispín adornaba para su uso un pequeño altar a María. Un día, había puesto dos bellas flores en él, las cuales fueron robadas por dos malandrines. Al día siguiente un religioso le da dos velas, Crispín las enciende y sale para ir a recolectar algunas verduras del jardín; el religioso que le había dado las velas las toma nuevamente y se esconde para ver como reaccionará Crispín. A su regreso, Crispín, no vio las velas y sollozando a María: «¡Cómo! ¡Ayer las flores y hoy las velas! ¡Oh mi Madre, Eres tan buena; pronto tomaremos a tu Hijo y Tu no dirás nada!».

- Cuando se le reprendía por su exceso de trabajo, sonreía diciendo las palabras de San Felipe Neri: «¡El paraíso no se hizo para los cobardes!».

- Un día, una enfermedad contagiosa se extendió por el convento. Su superior le pide: «¿Quiere poner en riesgo su vida y sanar a sus hermanos?» Crispín le respondió: «¿Querer? Dejé a mi voluntad Viterbo cuando entre en los Capuchinos». Se encargó de curar a sus hermanos y no fue alcanzado por la epidemia.

- Amaba ir a pedir limosna para la Comunidad y se llamaba a sí mismo El asno de los Capuchinos. Si, para demostrarlo, le insultaban, él exclamaba: «¡Alabado sea Dios! Me tratan aquí como lo merezco».

Oración: Oh Dios, que, por el camino de la alegría, elevaste a la cima de la perfección evangélica a tu siervo Crispín, concédenos, te rogamos, que por su ejemplo e intercesión practiquemos continuamente la verdadera virtud a la que prometes la bienaventurada paz en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.