Buscar en la Página

RADIO FRANCISCANA

VIDEOS FRANCISCANOS

Loading...

jueves, 2 de junio de 2016

San Pedro Julián Eymard Apóstol de la Eucaristía

En la iglesia de un pueblecito francés, cerca de Grenoble, se encontraba un niño de cinco años subido sobre una pequeña tarima, detrás del altar, con el cuerpo inclinado y con la frente casi tocando el sagrario. Allí es donde le encontraría su hermana, después de haberle estado buscando afligida por todas partes.
- ¿Qué haces aquí?, le preguntó al verle.
- Pues nada —respondió con candidez—; hablar con Jesús.
- ¿Y por qué de esa manera tan singular?
- Estoy escuchando, y desde aquí le oigo mejor.
Aún no sabía este prematuro devoto del Santísimo Sacramento la gran misión que la Providencia le había reservado, ni tampoco como la vida que tenía por delante estaría llena de luchas, aunque también de glorias. Su precoz atracción por Jesucristo Eucaristía no era sino una incipiente preparación para ella.


“Te pido la gracia de ser sacerdote”
Pedro, hijo en segundas nupcias de Julián Eymard y María Magdalena Pelorse, vino al mundo el 4 de febrero de 1811. Su familia se había reducido a sus padres y a su hermanastra, María Ana, doce años mayor que él; de los demás hijos del matrimonio, unos habían fallecido en tierna edad y otro pereció en los ejércitos de Napoleón.
En la iglesia parroquial de la ciudad existía la piadosa costumbre de dar la bendición con el Santísimo Sacramento después de la Misa diaria. Su madre no faltaba ni un solo día y devotamente ofrecía su hijo a Jesús en ese momento. Así, la presencia de Cristo en la custodia y en el sagrario ya le era familiar desde muy temprano.
Su padre, una vez establecido en La Mure d'Isère, construyó una prensa de aceite de nueces. El muchacho le ayudaba entregando el producto a los clientes. Pero se sentía tan atraído por Jesús en el tabernáculo que cuando pasaba por delante de la iglesia, siempre entraba para hacerle una visita. Y cuando su hermana volvía del Sagrado Banquete, intentaba quedarse bien juntito a ella para experimentar la presencia eucarística en su alma.
Cuando tuvo ya los doce años, por fin, se dio el momento tan esperado de su Primera Comunión. ¡Cuántas gracias recibió ese día! Una de ellas fue la de sentir en su espíritu la llamada al sacerdocio. Pero cuando le dijo a su padre su firme deseo de seguir esa vocación, obtuvo por respuesta una rotunda negativa. Su madre, por su parte, callaba y rezaba, sin perder las esperanzas de ver a su hijo ante el altar.
Era inteligente y de carácter resuelto. Continuó ayudando a su padre en las batallas de su empresa doméstica, aunque —a escondidas— se puso a aprender latín. Con dieciséis años consiguió el permiso para proseguir esos estudios, primero en La Mure y más tarde en Grenoble. Aquí fue donde recibió la noticia del fallecimiento repentino de su madre. En medio de lágrimas, a los pies de una imagen de la Virgen, le pidió: “Por favor, a partir de ahora sé mi única Madre. Pero ante todo te pido esta gracia: que llegue un día a ser sacerdote”.2 Este amor a Nuestra Señora no hizo sino aumentar hasta el fin de su vida.
Sólo después de haber cumplido los dieciocho años y no sin dificultades, a pesar de contar con la ayuda del P. José Guibert —en aquella época joven sacerdote de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada y más tarde Cardenal y Arzobispo de París—, consiguió convencer a su padre para que le dejara ingresar en el noviciado de la mencionada Congregación, en Marsella. Por primera vez daba pasos firmes rumbo al cumplimiento de su vocación.
FUENTE: http://es.arautos.org/view/show/18077-san-pedro-julian-eymard-apostol-de-la-eucaristia

No hay comentarios: