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martes, 16 de agosto de 2016

Un Subsidio de la Orden Franciscana sobre el Cuidado de la Creación


"El clamor de la tierra y el grito de los pobres" es una exhortación a permanecer abiertos al mundo que nos rodea, para escuchar con atención a todas las criaturas que habitan este pequeño planeta, nuestra casa común. Surge de una preocupación urgente por el Clamor de la Tierra y el Grito de los Pobres que no son tenidos en cuenta y que, como franciscanos, debemos escuchar siendo colaboradores en el diálogo, ofreciendo nuestra contribución específica para la curación de nuestro mundo y de las personas que en él viven.




EL CLAMOR DE LA TIERRA Y EL GRITO DE LOS POBRES
Un Subsidio de la Orden sobre el Cuidado de la Creación

PRESENTACIÓN
“Pero pregunta a las bestias y te instruirán; a las aves del cielo, y te informarán; habla con la tierra y te enseñará; te lo contarán los peces del mar. ¿Quién no sabe entre todos ellos que la mano del Señor lo ha hecho todo? De él depende la vida de los seres, el aliento de todo ser humano” (Job 12, 7-10).
En estas frases líricas, el libro de Job exhorta a la persona humana a estar abierta y lista para aprender de los animales, de las aves, de los peces, y de hecho, de la propia tierra. Es un pasaje que resuena en las personas de buena voluntad, y especialmente en aquellas que han sido tocadas por la maravillosa riqueza de la tradición franciscana.
El subsidio que estás a punto de leer es también una exhortación a permanecer abiertos al mundo que nos rodea, para escuchar con atención a todas las criaturas que habitan este pequeño planeta, nuestra casa común. Surge de una preocupación urgente por el Clamor de la Tierra y el Grito de los Pobres que no son tenidos en cuenta y que, como franciscanos, debemos escuchar siendo colaboradores en el diálogo, ofreciendo nuestra contribución específica para la curación de nuestro mundo y de las personas que en él viven.
Este breve documento tiene sus raíces en las tradiciones bíblica y Franciscana y, también expresa intencionadamente esa misma tradición en colaboración con la Ciencia contemporánea. Este es el deseo expreso del Capítulo general 2015, que pidió una Guía de Estudio sobre el cuidado de la creación que tenga un fundamento científico, bíblico, eclesial y Franciscano. La teología y la ciencia son dos perspectivas diferentes que juntas nos permiten ver el universo en su profundidad tridimensional. Como dice el rabino Jonathan Sacks: “La Ciencia es la búsqueda de la explicación. La Religión es la búsqueda de sentido”. Los Franciscanos debemos participar de manera inteligente con todas las ciencias con el fin de complementar nuestros propios puntos de vista.
Conjuntamente con los anteriores Documentos de la Iglesia y de la Orden – particularmente con Laudato si’ – este opúsculo tiene como objetivo proporcionar una orientación para que nuestras Entidades y todos ustedes, mis hermanos, puedan ser capaces de responder a los desafíos ecológicos de nuestro tiempo. Quiero hacer hincapié en este aspecto particular de nuestro compromiso franciscano en el mundo. Inspirados por el ejemplo de san Francisco, los Hermanos Menores estamos llamados a “obrar” de tal manera que podamos comprender más profundamente los gritos del pueblo de Dios, el clamor de la creación de Dios. Estamos invitados a través de nuestras acciones a transformarnos en místicos, en hombres de fe capaces de percibir la belleza y la maravilla de la obra de Dios en la vida de nuestros hermanos y hermanas, y en todos los seres vivientes, todos creados para participar juntos en dar gloria a Dios y en ofrecer un servicio de amor y cuidado mutuo. Exhorto a todos los que usaran este subsidio a reevaluar su forma de percibir y de actuar, y a reestructurar su estilo de vida con el fin de permitir que el Espíritu de Dios modele dentro de cada uno de nosotros una “visión ecológica integral” que abarque todo, en caridad y justicia. Para que le permitamos a Dios que obre el maravilloso misterio de amor y misericordia dentro de nosotros a fin que podamos eliminar los obstáculos que nos hacen sordos al Clamor de la Tierra y el Grito de los pobres. Urge nuestra respuesta. La humanidad y el planeta no pueden esperar más. ¡Tenemos que actuar ahora!
“Comencemos hermanos a servir y hacer el bien, porque hasta ahora poco o nada hemos adelantado”.
Roma, 25 de julio de 2016
Fiesta del Apóstol Santiago
Fr. Michael Anthony Perry, OFM
Ministro generale y siervo
Prot. 106652
CuraCreato ES
Introducción
El clamor de la tierra y el grito de los pobres ya no pueden ser reprimidos . Existe la inaplazable necesidad de responder a estas súplicas. Este ha sido el llamado de la encíclica del Papa Francisco, Laudato si’. Este documento histórico es un potente mensaje al mundo entero sobre la urgente crisis ambiental. Los Franciscanos estamos llamados a “cooperar como instrumentos de Dios para cuidar la Creación” en todas las maneras posibles.
El Capítulo general 2015, en continuidad con el precedente, nos anima a establecer relaciones fraternas concretas en el cuidado de la creación. Anticipando incluso el lanzamiento de la citada encíclica ha dado estos dos mandatos:
El Definitorio general redacte un Subsidio sobre el cuidado de la Creación que tenga una sólida base bíblica, eclesial, franciscana y científica, y provea orientaciones para que nuestras Entidades puedan responder a los retos ecológicos de nuestro tiempo.
Cada Entidad, por medio del Moderador para la Formación Permanente, del Animador para la Evangelización y del Animador de JPIC, siguiendo las orientaciones del subsidio general, confeccione un programa para que esta dimensión entre a formar parte de nuestro estilo de vida y de la actividad pastoral y social de las Entidades. Este objetivo se compruebe en los encuentros de los Presidentes de las Conferencias con el Definitorio general.
En obediencia a estos mandatos, les presentamos un breve subsidio que nos puede animar a caminar con pasos concretos hacia la praxis, a partir de la rica reflexión publicada por la Orden en sintonía con los valores de JPIC. Creemos que una buena manera de entender y aprender es la experiencia.
El documento del Capítulo general 2015 sostiene que estamos pasando por muchos cambios radicales en todos los niveles: la revolución económica, digital, bioética; acompañada de nuevas formas de pobreza; y situaciones ambientales mayores tales como el cambio climático, la deforestación, la pérdida de la biodiversidad. Frente a estos problemas, nos podemos preguntar qué es lo que tenemos que hacer los Hermanos Menores, por qué no dejar que estos asuntos sean tratados y afrontados por especialistas. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos y volver a nuestro claustro; si miramos la realidad a nuestro alrededor debemos reconocer con sinceridad que hay un gran deterioro de nuestra casa común. Por lo tanto, el espíritu que anima este documento quisiera mirar a nuestro modo de vida actual, en el que, a veces, consumimos los recursos naturales del planeta como si fueran ilimitados, para ayudarnos a adoptar un nuevo estilo de vida.
Ahora tenemos que promover la “espiritualidad ecológica” de la que habla el Papa Francisco, que va más allá de la relación antropocéntrica arrogante con la naturaleza y nos invita a reconocer con humildad que debemos ser menores y sometidos a todos, incluida la creación (subditi omnibus, dice san Francisco). “No hay ecología sin una adecuada antropología”. Esta nueva relación de respeto, maravilla, admiración y gratitud debería ser el fundamento de esta nueva relación. Sí, antes de hablar sobre el cuidado de la tierra, de hecho, no debemos olvidar, en primer lugar, dar las gracias a Dios y Su creación para realmente tener cuidado de nosotros. De hecho, “no somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada”. ¡Los alimentos que comemos, la ropa que usamos y el aire que respiramos son dones de la creación de Dios por nosotros! “Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios”.
Sin embargo, la espiritualidad necesita ser traducida en acciones. Existe la llamada a una “conversión ecológica” del corazón que implica gratitud y gratuidad, sobriedad y moderación – la capacidad de estar feliz con poco; para no sucumbir a la tristeza de lo que se carece. Este nuevo estilo de vida tiene un buen aliado, conocido por todos nosotros, que es la minoridad; que constantemente nos invita a renovar nuestra forma de vida, con especial atención a las periferias, a ser un poco menos consumistas, para no ser depredadores del medio ambiente. ¡Hermanos regresemos a nuestras periferias! “Estamos siendo llamados una vez más a salir de la comodidad de nuestras casas y de nuestras vidas”. Todo ello refleja claramente nuestro estilo de vida franciscano de pobreza y de sencillez, entendido no como una virtud en sí misma, sino como una manifestación de la forma elegida por Dios para relacionarse con nosotros. ¡Él fue quien primero se hizo sencillo y pobre por amor a nosotros! A través de este estilo de vida estaremos más cerca de los pobres, que son las verdaderas víctimas de esta crisis ecológica.
Es por esta razón que estas Líneas guía son presentadas a todos los hermanos con el fin de responder concretamente ¡tanto al clamor de la tierra como al grito de los pobres de nuestro tiempo!
Dimensión Bíblica
El Papa Francisco en su encíclica, Laudato si’, hace hincapié en la errónea interpretación del versículo del libro del Génesis 1,28, donde dice: “sometedla,… dominad los peces del mar…”. Este versículo bíblico, por desgracia, ha sido considerado como una licencia para explotar la naturaleza para fines humanos.
Sin embargo, una comprensión más profunda de la historia de la creación nos ofrece los siguientes puntos de reflexión: en primer lugar, Dios es el creador de todas las cosas. Él solo trae todas las cosas a la existencia. Así, en un mundo creado por Dios, ¿Quiénes somos y dónde estamos? En segundo lugar, no obstante que Dios es el creador de todo, él comparte su poder. Dios amorosamente le concede poder a la creación para que alcance su propio fin. La tierra produce la vegetación; las aguas producen enjambres de creaturas vivientes; el sol y la luna regulan (rādâ) el día y la noche; los seres humanos han recibido esta delegación, que consiste en el verdadero poder para gobernar (rādâ) la tierra. El poder de dominar es dado o delegado por Dios, no es nuestro. ¿Cómo podemos responder a esta generosidad? En tercer lugar, la creación es cosmos. Al principio había caos, pero Dios a través de la creación ha puesto orden y colocado una estructura. Dios amorosamente ha diseñado todo. Cada criatura tiene su lugar asignado, y su función, en un complejo maravilloso. Esto requiere asombro y reverencia, como san Francisco de Asís y el Papa Francisco nos recuerdan, invitándonos al asombro y a la gratitud. En cuarto lugar, la creación es buena, verdaderamente muy buena, como querida y planeada por Dios. El universo tuvo su origen no por una lucha o batalla o conflicto, sino sin esfuerzo ni lucha, por la palabra y el obrar divino. Los seres humanos, además, no son desde su origen lobos los unos para los otros (Hobbes), sino que originalmente fueron creados para ser buenos y responsables unos de otros y de toda la creación. En quinto lugar, la tierra es la casa de todas las criaturas terrestres. La tierra no es solo para los seres humanos, sino un hábitat o casa para toda la creación de Dios. Los seres humanos no son los únicos bendecidos por Dios, las aves y los peces y todo el resto de la creación también son bendecidos por Dios. Debemos comenzar a pensar en una familia terrestre o a una comunidad/tierra y no exclusivamente en una comunidad de seres humanos sobre la tierra. ¡Sería aún peor, si nos consideráramos a nosotros mismos como seres humanos individuales sobre la tierra, dispuestos a luchar contra los demás para poder sobrevivir! Por último, según la Biblia, el clímax de la historia de la creación es el Shabbat. Al contrario de muchas lecturas de la historia, no se alcanza el clímax en la creación de los seres humanos en el sexto día; se alcanza en el séptimo día, que es santificado por Dios. Este séptimo día ha sido bendecido por Dios. Shabbat nos recuerda que el mundo está en las manos amorosas de Dios. Eso nos dice que el mundo no se hará pedazos si dejamos de hacer nuestro trabajo: la vida no depende de las actividades febriles de los seres humanos. La celebración de un día de descanso nos recuerda que nuestro mundo y nuestra vida nos han sido dados simplemente como un regalo de Dios. El Papa Francisco en la encíclica ha añadido: “Ese día, así como el sábado judío, se ofrece como día de la sanación de las relaciones del ser humano con Dios, consigo mismo, con los demás y con el mundo. […]. El descanso es una ampliación de la mirada que permite volver a reconocer los derechos de los demás”.
Además, el segundo relato de la creación, en particular Génesis 2,15 dice: “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara”. El Papa Francisco presenta una nueva comprensión de este texto: “Cultivar” (‘avedah) se refiere a labrar, arar o trabajar, mientras que “guardar” (shomer en hebreo) significa cuidar, proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar.
También los Salmos son siempre una alabanza a Dios que es “bueno” y “compasivo … para con todas sus criaturas”, porque es eterno su amor. Laudato si’ también ha recordado que, “los Salmos también invitan a las demás criaturas a unirse a nosotros en su alabanza: «¡Alabadlo, sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes,…” (cf. Sal 148)”. Los Salmos y la literatura sapiencial siempre muestran esta interconexión de todas las criaturas, una especie de familia universal y de sublime comunión. Los libros de los profetas, además, también unen la creación y la liberación como actos íntimamente conectados de Dios.
Por último, en el Nuevo Testamento, Jesús enfatiza que Dios es Creador y Padre. Jesús nos recuerda también que toda la Creación es importante para él: “Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta”. En segundo lugar, Jesús está en armonía con la creación: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?”, porque Cristo mismo es el logos del cual la creación viene a la existencia. Él es el fin por el cual existe toda la creación. Por último, Jesús entregará todas las cosas al Padre. Todas las cosas, no solo los seres humanos, estarán totalmente impregnadas de la presencia de Dios.
Estas fuentes bíblicas nos recuerdan fuertemente, no solo nuestra responsabilidad de cuidar la tierra, sino también la de admitir humildemente que los seres humanos no son el centro de las cosas; segundo, que no somos la medida de todas las cosas; tercero, que tenemos que discernir nuestra vocación e identidad humana; en cuarto lugar, nos llaman a una visión de paz y armonía, a una espiritualidad y a una ética de hospitalidad y responsabilidad ecológica. También podría ser interesante estudiar y reflexionar sobre la historia de Job que se atrevió a cuestionar a Dios, pero que, en última instancia se ve obligado a descubrir con empacho y vergüenza su verdadero lugar ante Dios y toda la creación.
Dimensión Eclesial
A primera vista puede parecer inusual vincular la protección del medio ambiente – un tema de naturaleza bioética y también perteneciente a la moral social – con la Iglesia. La obligación de custodiar el jardín con amor y responsabilidad proviene de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios y, como hijos en el Hijo, que tienen la vocación de ser cada vez más “participantes de la naturaleza divina”. Partiendo de este fundamento bíblico la bioética teológica y la moral social abordan la cuestión de la protección de la creación que es “nuestra casa común”. La relación principal entre esta protección y la Iglesia es la naturaleza misma de esta última – la cual es “signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” − y la Eucaristía en cuanto fuente y cumbre de la acción de la Iglesia.
La encíclica Laudato si’, en línea con la doctrina social de la Iglesia, trata numerosas cuestiones prácticas. El tema de la Iglesia en relación con la creación toca un punto más profundo, es decir, la forma eucarística de la existencia, que puede conducir a un profundo cambio de mentalidad, a una “conversión ecológica”.
La liturgia, especialmente en el ofertorio, nos ayuda a concebir el ambiente natural, nuestra casa común, como un don que debe ser valorado, cuidado y reconducido por nosotros a Dios. El mundo participará de la suerte y destino de los hijos de Dios, como una “nueva creación” formando parte del único diseño divino. El futuro de la creación es de naturaleza escatológica cuando “nos encontraremos cara a cara frente a la infinita belleza de Dios (cf. 1Cor 13,12)”. Mientras espera, el hombre se esfuerza por cuidar de manera premurosa la creación y los pobres. El Señor de la Vida en la Eucaristía nos da la luz y motivaciones para llevar a cabo este servicio de tal manera que sanando nuestras relaciones a través del espíritu del don y de la gratuidad aprendamos a reconocer y respetar tanto los derechos de los demás como nuestro deber hacia la creación.
La unidad del compromiso moral del hombre y de la sociedad hace que las relaciones del hombre con Dios, con los demás hombres y con la creación sean estrechamente interdependientes. “El modo en que el hombre trata el ambiente influye en la manera en que se trata a sí mismo, y viceversa”.
La ecología Integral, nuevo término que ofrece la encíclica Laudato si’, incluye las tres relaciones humanas que constituyen una sola trama.
Benedicto XVI subrayó en la homilía de la santa Misa por el solemne inicio de su ministerio petrino: Si «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo es porque se han extendido los desiertos interiores», y por esto “la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior”. En apoyo de esta madurez humana y espiritual se encuentra una verdad fundamental de la fe cristiana según la cual toda la creación contiene en su seno la marca de la Santísima Trinidad”.
El Papa Francisco no se olvida que fue inspirado por san Francisco de Asís en la elección de su nombre de pontífice. El Pobrecillo admiraba la naturaleza como un libro en el que Dios habla de sí mismo en forma de misterio. La sencillez y la mística del Santo de Asís nos lleva a entender que la armonía con Dios, con los demás y con la creación son inseparables y pueden ser bien resumidos en una ecología integral.
Dimensión Franciscana
San Francisco fue proclamado por san Juan Pablo “patrono de los cultivadores de la ecología”. Este vínculo de Francisco con la ecología que realizamos nosotros los modernos, se justifica por la relación especial que tuvo él con todas las criaturas y que está bien documentada en sus Escritos y en sus biografías.
Es sobre todo el Cántico del hermano sol que da testimonio de la mirada contemplativa de Francisco hacia las criaturas, las del cielo y las de la tierra, en las cuales reconoce sobre todo que “de ti, Altísimo, lleva significación”. En esta afirmación, que se encuentra al inicio del Cántico, encontramos la primera y más importante razón del respeto a toda criatura: cada realidad remite a Dios su creador. Francisco es consciente de que el único creador y Señor de todo es Dios, y eso lo conduce a cuestionar la lógica mundana del poder y de la propiedad, que pone al hombre como el patrón de todo. Nosotros no somos los amos, sino los beneficiarios de un don gratuito de Dios, dado indiscriminadamente a todos los hombres. A partir de esta “lógica del don” nace el respeto a la creación, signo de su amor, surge la capacidad de compartir con otros este don, porque no puedo considerarlo mi propiedad exclusiva, nace incluso el reconocimiento de un vínculo fraterno, que induce a Francisco a dar los nombres de hermano y hermana a toda criatura.
Los franciscanos estamos acostumbrados a escuchar hablar del hermano sol, hermana luna, hermano fuego o hermana agua. Pero si lo pensamos bien, se trata realmente de expresiones “extrañas”: ¿En qué sentido puedo decir que el viento es mi hermano? Puedo entender que se puede considerar otro ser humano mi hermano o hermana, ¿Cómo se puede decir lo mismo de una piedra o una planta?
La explicación reside en el hecho de que la Fraternidad intuida y vivida por Francisco no es solamente humana sino totalmente cósmica: la fraternidad se alarga a toda criatura y encuentra un vínculo universal de fraternidad que nace del simple hecho de tener un único Creador y Padre, que es Dios .
En el nombre que escoge para sí y para sus compañeros, Francisco dice: hermanos menores, connotando o conllevando nuestra unión fraternal con la conciencia de ser menores, es decir, más pequeños. Menores entre las personas, pero también frente a todas las criaturas, como nos enseña Francisco en la conclusión del Saludo a las virtudes: “La santa obediencia confunde a todos los propios quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo; y no solo a los hombres, sino también a todas las bestias y fieras, para que puedan hacer de él lo que quieran, en cuanto les sea dado de lo alto por el Señor”. La minoridad, que se expresa aquí en términos de obediencia, asume por tanto una extensión universal, ensanchándose incluso a los animales y a todas las criaturas.
La motivación más profunda del compromiso ecológico del franciscano, siguiendo las huellas de Francisco, es una motivación teológica, en el sentido de que remite a Dios reconocido como Creador de todo, que exige respeto para su creación, regalo de él para todos y no solo para algunos.
Nuestras CCGG retoman este tema, sea en el art. 71, que dice: “Siguiendo las huellas de san Francisco, muestren los hermanos hacia la naturaleza, amenazada en todas partes, un sentimiento de respeto, de modo que la tornen totalmente fraterna y útil a todos los hombres para Gloria de Dios Creador”, como sobre todo en la frase final del art.1 de las CCGG, que señala el fundamento de nuestra identidad. Ese primer artículo fue modificado por nuestro Capítulo general del 2003, añadiendo al final del parágrafo 2, que ya hablaba de “predicar con obras, la reconciliación, la paz y la justicia”, la expresión “manifestando respeto hacia la creación”. Fue el reconocimiento de que el cuidado de la casa común forma parte esencial de nuestro carisma y que una descripción rigurosa de lo que somos nosotros Hermanos Menores no puede dejar de hablar de “respeto a la creación”. Se escogió la palabra respeto (en latín reverentia) que manifiesta no solo el cuidado, sino concretamente aquella actitud de minoridad y de fraternidad universal que nos hace realmente Hermanos Menores.
Desde el verano de 2015, con la publicación de la encíclica Laudato si’, se ha hecho todavía más evidente que un franciscano no puede pensar que la atención a los temas ecológicos sea para él un elemento facultativo o una especie de optional decorativo: la noción de “ecología integral” que propone el Papa en esta encíclica se impone como atención esencial para todo cristiano, y con mayor razón para todo franciscano, dado que el Papa ha querido ligar a su invitación a una “conversión ecológica” la figura de Francisco de Asís, evocado varias veces en el texto e incluso en el título mismo de la encíclica.
Sin embargo, conocer las razones “franciscanas” teóricas de nuestro compromiso con la ecología no es suficiente: es necesario que se desarrolle una convicción personal. Ciertamente nos ayuda la mirada dirigida a Francisco y la confrontación con las Constituciones, pero el núcleo último de tal convicción personal nace de la conciencia de que nadie puede remplazarme en la obra de mi formación franciscana y que debo ser yo mismo quien haga una opción personal: “el hermano menor, bajo la acción del Espíritu Santo, es el protagonista principal de su propia formación”. Únicamente hermanos “protagonistas de su propia formación” sabrán entrar en el proceso de aquella “conversión ecológica” que nuestra vocación nos exige hoy.
Dimensión Científica
Las ciencias han contribuido positivamente a la correcta comprensión de la realidad, de la naturaleza, y también de la trascendencia de Dios, haciendo madurar en el hombre una nueva conciencia de su responsabilidad en el mundo, aumentando cada vez más la cuestión de su papel en el mundo y en la historia. Las ciencias también han contribuido significativamente a la pluralidad del pensamiento humano involucrando a las personas y a las sociedades en un diálogo más serio sobre la realidad del mundo en que vivimos.
Además, la reciente contribución de la ciencia en la comprensión de la naturaleza ha hecho que las ciencias mismas se vuelven más conscientes de sus propios límites. Las ciencias, de hecho, afirman que la naturaleza es el resultado no solo de un sistema, sino el fruto de muchos sistemas, como los de la biósfera, los ecosistemas, y también el resultado de su historia, de la cultura, de las situaciones lingüísticas, de las relaciones humanas, etc. Para resolver los problemas actuales de la naturaleza nace una pregunta que “no afecta solo al ambiente de manera aislada, porque no se puede plantear la cuestión de modo fragmentario” – come dice el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’. Las perspectivas que interactúan dentro de la naturaleza constituyen una identidad única, que supera una sola interpretación. Son precisamente las interacciones de varios elementos los que la hacen muy compleja. En realidad el número de las cosas que la componen es secundario; ella se hace compleja porque en su interior interactúa un número de variables que hacen difícil su comprensión desde un solo punto de vista. De modo que comprender las interacciones y las problemáticas de biósfera, de ecosistemas, de cambios climáticos y de muchos otros sistemas que componen la naturaleza, como también encontrar el modo de reparar sus daños actuales es imposible si solamente usamos los métodos científicos, sobre todo porque cada nuevo conocimiento de un elemento abre otro vasto ámbito de investigación en conexión inseparable con otro. En realidad por cada sistema de la naturaleza casi siempre es posible descubrir otro subsistema constituido por una amplia variedad de elementos en continua relación e interdependencia. Las conexiones de estos sistemas a menudo también son imprevisibles, tanto que se crea una continua red siempre “diversa” y siempre “igual”, que oscurece y hace difícil encontrar las soluciones para los problemas actuales. Las interacciones entre elementos y sistemas en el fondo deciden su propio estado. He ahí también la razón por la cual las ciencias dan una comprensión y solución notable, pero no definitiva, acerca de los problemas actuales de la naturaleza y sobre cómo salvar su biosfera, los ecosistemas, el clima.
Obviamente todas estas características de la naturaleza tienen una fuerte repercusión sobre los modos de afrontarla. Aun sabiendo que la naturaleza es una realidad que exige una particular aproximación con la cual se haga posible captar el conjunto, no es fácil pasar de una aproximación analítico/científica a la sistémica. Para comprenderla mejor y para dar una solución mejor al problema de su salvaguardia se requiere – como propone también la Encíclica – “una ecología integral, que comprenda claramente sus dimensiones humanas y sociales”.
La ecología integral exige en efecto apertura a las aproximaciones que van más allá del lenguaje exacto de las ciencias y nos vinculan con las categorías de la esencia del hombre, es decir, con la dimensión espiritual, ética, cultural, relacional, etc.
¿Cuál es el papel actual de las ciencias en esta perspectiva?
Las ciencias son indispensables para descubrir, conocer y formular los problemas actuales de la naturaleza, a saber, de la biosfera, del ecosistema, del clima, de la cultura humana, etc., y para orientar hacia las soluciones, pero son también insuficientes para resolver los problemas que se van descubriendo. Su papel principal sería, además de clarificar las problemáticas y de buscar las soluciones, también “despertar las conciencias y las responsabilidades”, creando una relación más estrecha con todas las demás aproximaciones específicas, más amplias y globales, sobre todo los ámbitos políticos y económicos. De aquí también la posibilidad y necesidad de las ciencias de dialogar con las nuevas aproximaciones y con las disciplinas de otros niveles (filosófico, teológico, ético, etc.).
Estas aproximaciones, aunque superan los límites de una disciplina (la científica), siguen siendo todavía competencia de las ciencias. Involucradas en la creación de una aproximación más sistémica, las ciencias se vuelven la base para la creación de una ecología integral con soluciones más amplias y más sostenibles en relación con las problemáticas actuales de la naturaleza y del mundo en que vivimos.
PRAXIS
Como Franciscanos, no estamos llamados a responder a la pregunta “¿Qué debemos hacer frente a la crisis ecológica?, sino más bien “¿Qué debemos hacer en medio de la crisis ecológica?”. Debemos preguntarnos cómo nos afecta, solo entonces podemos tomar una posición para reaccionar, a partir de una espiritualidad en medio del mundo, solo sintiéndonos parte del cosmos, nos sentiremos parte del problema y reaccionaremos. De lo contrario, siempre será una situación lejana a nuestra vida, aunque esté sucediendo en la esquina de nuestra casa, seguiremos pensando que esto ocurre en otros países y en otras regiones.
Finalmente, cabe señalar que la destrucción de una parte de nuestra hermana madre tierra, afecta a todos en todas partes, pues todo está interrelacionado, necesitamos ver el mundo en que vivimos, necesitamos escuchar el grito de la tierra: solo así podemos actuar desde nuestra espiritualidad en medio de la vida cotidiana.
I. Evaluación de nuestro estilo de vida
Les invitamos a entrar en diálogo al interior de la propia fraternidad sobre cómo es nuestro estilo de vida en relación con el medioambiente. Generalmente, pensamos que casi todas las llamadas e invitaciones son hacia fuera; pero el primer llamado a la conversión en el estilo de vida es hacia la propia persona y la propia fraternidad. Es muy útil dialogar sobre cómo ve cada hermano de la fraternidad la situación del cambio climático, primero en el plano personal y luego en la vida fraterna.
El primer capítulo de la encíclica Laudato si’ está dedicado a la lectura de los signos de los tiempos, y el Papa Francisco señala que “basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común”. La encíclica, en su primer capítulo, propone seis áreas que requieren un análisis cuidadoso: las incluimos en este subsidio, porque creemos que sirven para dar una base sólida para nuestra reflexión, desde el magisterio de la Iglesia. Por tanto, proponemos un breve resumen de cada área, para invitarlos a reflexionar individualmente y en fraternidad.
Contaminación y cambio climático (LS 20-26) 
Existen formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables, residuos altamente tóxicos y radioactivos. Estos problemas están íntimamente ligados a la cultura del descarte. En cuanto al cambio climático, el Papa afirma que existe un consistente consenso científico que indica que estamos en presencia de un alarmante calentamiento global.
La cuestión del agua (LS 27-31) 
El agua potable es un bien de vital importancia dado que es indispensable para la vida humana y para sostener el ecosistema terrestre y acuático. La encíclica es clara al afirmar que el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal.
Pérdida de la biodiversidad (LS 32-42)
No se puede predecir la extinción de especies animales y vegetales. De hecho estas pérdidas no solamente implican la eliminación de los recursos necesarios para nosotros, sino que la desaparición de especies que tienen valor en sí mismas. Debemos admitir el hecho que TODAS las criaturas están conectadas entre ellas y que todos nosotros, seres humanos, nos necesitamos mutuamente.
Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social (LS 43-47) 
Se debe tener en cuenta los efectos de la degradación ambiental, de los modelos de desarrollo actuales y de la cultura del descarte en la vida de las personas. El análisis de estos efectos muestra como el crecimiento de los últimos dos siglos no siempre ha significado un real progreso integral y un mejoramiento en la calidad de vida.
La inequidad planetaria (LS 48-52) 
A este propósito el Papa Francisco afirma que “el deterioro ambiental y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta” los más pobres y marginados, que son la mayoría de los habitantes de la tierra, que a menudo son tratados en las discusiones internacionales como un apéndice o como daño colateral.
La débil respuesta a nuestros problemas ambientales (LS 53-59)
Aunque nunca hemos maltratado nuestra casa común tan mal como en los últimos doscientos años, no hemos encontrado respuestas adecuadas a esta crisis, una indicación de que la política internacional está sujeta a la tecnología global y financiera “Cualquier intento de las organizaciones sociales por modificar las cosas será visto como una molestia provocada por ilusos románticos o como un obstáculo a sortear”.
II. Discernir un nuevo estilo de vida
Dimensión bíblica
En un mundo creado por Dios, ¿Quiénes somos y dónde estamos? ¿Pensamos todavía que somos dueños y dominadores de la creación o sus guardianes? ¿Pretendemos que somos el centro de la creación o reconocemos que somos una de las criaturas de Dios?
Afirmar que Dios es Creador quiere decir que nosotros como criaturas somos todos hermanos y hermanas en una casa común. ¿Creemos verdaderamente que somos hermanos y hermanas con todas las criaturas y que el mundo no es solamente para los seres humanos, sino que es la casa común que debemos cuidar?
Jesús presenta un mensaje de paz y armonía de la creación. ¿Cómo podemos ayudar a llevar adelante la integridad y la armonía de la Creación?
Dimensión eclesial
¿Somos conscientes de que nuestras relaciones con Dios, con los demás seres humanos y con la creación son estrechamente interdependientes?.
¿Apreciamos el valor de la celebración eucarística como un acto de amor cósmico que conduce hacia el Creador a la criatura en una gozosa adoración?
¿Como franciscanos nos unimos a otras personas de buena voluntad en la tutela del medio ambiente, teniendo un estilo de vida sobrio y tomando de la Eucaristía nuestra motivación?
Dimensión franciscana
¿Crees que realmente somos conscientes de que la razón más profunda de nuestro compromiso ecológico es una razón “teológica” es decir, que nos remite a Dios creador de todo?
¿Nosotros los franciscanos realmente somos signos de fraternidad universal, con todo ser humano y con toda criatura? Y ¿Nuestra relación fraternal con todos es realmente de menores, es decir, los más pequeños?
Dimensión científica
Actualmente ¿Cómo entiende la ciencia las interacciones y las problemáticas de biosfera, ecosistemas, cambios climáticos y de muchos otros sistemas que componen la naturaleza? ¿Cuáles son las soluciones que ha encontrado la ciencia?
¿Estamos de acuerdo en que para encontrar soluciones adecuadas a los problemas climáticos actuales, es necesario enfrentar juntamente dos retos, a saber, el ambiental y el educativo (social), porque estos en el ámbito de la ecología integral constituyen realmente la única problemática?
Acerca del debate científico y social, ¿Cómo puede lograrse que este debate sea “responsable y amplio, hasta el punto de considerar toda la información disponible y llamar las cosas por su nombre”, para actuar conjuntamente en forma responsable, sostenible y solidaria?
¿Cómo elaborar una aproximación más sistemática para enfrentar los problemas climáticos actuales?
El primer capítulo de la Encíclica Laudato si’
¿Ustedes están de acuerdo con el Papa en que la tierra, nuestra casa común, está yéndose hacia la ruina? ¿Cuáles pruebas podemos evidenciar para sostener esta opinión?
En los últimos años se ha producido una discusión muy encendida acerca de las causas del calentamiento del planeta. El Papa afirma que, aunque existen otras causas, la más importante es la que está vinculada a la acción del hombre. ¿Qué pensamos al respecto?
III. Vivir un nuevo estilo de vida
Programa de la fraternidad y de la Entidad (Provincia o Custodia)
¿Qué podemos hacer en el nivel personal, comunitario y social para enfrentar las causas de los cambios climáticos?
A la luz de la reflexión hecha con este subsidio, los invitamos a tomar decisiones concretas, predisponiendo “un programa que permita que esta dimensión entre a formar parte de nuestro estilo de vida y de la actividad pastoral y social de las Entidades”, como hermanos y menores en confrontación con las periferias. Para contribuir a realizar este discernimiento ofrecemos aquí en seguida algunos temas que son tratados más ampliamente en el documento de la oficina JPIC El cuidado de la creación en la vida diaria de los Hermanos Menores.
El agua
Es un recurso renovable pero limitado. Aunque las tres cuartas partes de la tierra están cubiertas de agua, solo el 11% es utilizable para los usos de la actividad humana. Sea cual sea el uso que de ella hagamos (riego, refrigeración, higiene, etc.), aumenta su evaporación. Toda el agua que evapora no necesariamente vuelve a la superficie de los continentes, dado que parte del agua caerá en el mar en forma de lluvia. Todo esto añadido a los cambios climáticos que probablemente pueden determinar condiciones más secas, hará que haya una menor cantidad de agua disponible para nuestro consumo. Por estos motivos, nuestros objetivos deben ser ordenados a obtener un consumo más responsable y a no aumentar el gasto de la misma.
Consejos prácticos: en higiene personal no desperdiciar el agua; en el uso doméstico, comprobar la presencia de pérdidas de agua; regar el jardín de noche o en la primera mañana; evitar la eliminación de residuos (aceite): para el lavado de la ropa emplear lavadoras de bajo consumo; controlar mensualmente el consumo de agua por medio del contador.
¿Cómo podemos mejorar nuestro consumo de agua en comunidad?
La energía
Dondequiera que los humanos desarrollan su actividad cotidiana necesitan de la energía. Todas las cosas a nuestro alrededor necesitan energía para funcionar o, en todo caso, han necesitado energía para su producción. Para que esté disponible esta energía se quema una gran cantidad de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas natural), causando la emisión hacia la atmósfera de gases como anhídrido carbónico (CO2), que producen el “efecto invernadero”, una de las principales causas del cambio climático. La elevada cantidad de estos gases altera los intercambios energéticos entre el interior y el exterior de la atmósfera provocando las variaciones de los equilibrios climáticos de nuestro planeta.
Consejos prácticos: apagar la luz cuando se abandona un sitio; desconectar los electrodomésticos cuando se deja de usarlos; aprovechar al máximo el empleo de la luz natural; evitar el uso excesivo de aire acondicionado; invertir en tecnología LED; preferir las energías renovables; adquirir aparatos de bajo consumo en cuanto sea posible; instalar paneles solares fotovoltaicos; controlar mensualmente el consumo de energía en el contador.
¿Qué puede hacerse? Tomar algunas decisiones compartidas para contribuir a un uso eficiente, austero y sostenible de la energía.
Desechos y residuos
El consumismo va inevitablemente asociado al desperdicio de recursos naturales, a la contaminación y a la generación cada vez mayor de residuos de toda clase. ¿De dónde podemos extraer las materias primas para semejante consumo? ¿Dónde irán a parar todos estos desechos? Recordemos que la capacidad de la naturaleza para proporcionar recursos y para asimilar nuestros desechos es limitada.
Consejos prácticos: evitar el consumo de productos desechables (“usa y tira”), en especial de plástico o PET. Reutilizar algunos desechos como cartón, bolsas, sobres. Escoger productos elaborados con material reciclado. Apoyar el reciclaje de los desechos.
¿Cuáles productos desechables utilizan en tu casa? ¿Cuáles pueden sustituirse y evitarse? ¿Cuáles productos pueden reutilizarse y cuáles pueden reciclarse?
El papel
El papel, es un material que empleamos frecuentemente y exige el corte de muchos árboles y la plantación de especies de rápido crecimiento, con el peligro de desertificación y de alteraciones ecológicas, sobre todo en los países pobres de donde proviene la mayor parte de la madera que empleamos. Sabemos ya perfectamente que los bosques son esenciales para el equilibrio de la vida sobre el planeta.
Consejos prácticos: procurar gastar menos papel. Antes de imprimir algo, pensar si hay realmente necesidad de hacerlo. Imprimir por ambas caras. Utilizar preferiblemente papel reciclado o ecológico. Reutilizar el papel de regalo. Utilizar las hojas por ambos lados. Separar el papel y el cartón y depositarlos en el contenedor apropiado para una recolección diferenciada.
¿Qué podemos hacer?
Los transportes
Debemos tomar conciencia del hecho de que hoy los desplazamientos tienen un elevado costo humano, social y ambiental, con las emisiones de gas que contribuyen al efecto invernadero en la atmósfera (petróleo y sus derivados): el transporte es el sector que emite la mayor cantidad de gas productor del efecto invernadero. Muchas enfermedades respiratorias y muertes prematuras se deben a la contaminación del aire, como también enfermedades de tipo nervioso y millares de muertos cada año en las calles, además del impacto ambiental de las autopistas, y de las líneas de alta velocidad.
Sin embargo los transportes son una parte esencial de casi todas nuestras actividades y sería absurdo tener que renunciar a ellos; por tanto es necesario buscar alternativas y adoptar modelos de transporte más sostenibles.
Consejos prácticos: revisar el uso que hacemos del automóvil o de los automóviles en la fraternidad. En cuanto sea posible utilizar los medios públicos de transporte. Caminar y apoyar el uso de la bicicleta en nuestras fraternidades. Adquirir automóviles de bajo consumo.
¿Cuál opción (opciones) es factible para nuestra fraternidad?
La alimentación
La forma de producir los alimentos es cada vez más agresiva. Por ejemplo, los incendios que devastan la selva amazónica son causados, entre otras cosas, por los cultivos intensivos de soya para utilizarla como alimento de bajo costo para la cría industrial de animales.
La agricultura intensiva usa pesticidas y fertilizantes químicos que envenenan los campos y el agua y dejan residuos en los alimentos. La cría del ganado es cada vez más semejante a una fábrica en donde los animales son tratados como piezas de una cadena de montaje. Las flotas de pesca industrial devastan los fondos marinos. Los alimentos transgénicos o los genéticamente modificados son puestos en discusión por muchos científicos que aseguran consecuencias negativas para el ambiente y para la agricultura (uso excesivo de sustancias tóxicas, contaminación de otros cultivos vecinos, pérdida de biodiversidad).
Consejos prácticos: consumir alimentos frescos, evitar los “alimentos chatarra”, prefiriendo alimentos biológicos y de estación, evitar el exceso de carne, dulces y grasas. No desperdiciar alimentos.
¿Hay algo que podamos mejorar en cuanto a la alimentación?
Otros documentos que pueden servir para desarrollar el programa ecológico de la Provincia o de la Custodia
Los Franciscanos y la justicia ambiental. Confrontación entre la crisis ambiental y la injusticia social. 
Preparado por la oficina de JPIC de la Curia general, 2011. El documento trata de responder, desde el punto de vista de la espiritualidad franciscana a los retos de la crisis ambiental, proponiendo una nueva ética para un mundo globalizado. Además propone algunos testimonios de algunas Fraternidades de la Orden. Finalmente hace una invitación a leer lo signos de los tiempos.
Disponible en español:
http://www.ofm.org/01docum/jpic/JusticiaMedioambiental_ESP.pdf
y otros idiomas (inglés, italiano, alemán, japonés):
http://www.ofm.org/ofm/?page_id=439
Peregrinos y extranjeros en este mundo. Subsidio de formación permanente sobre el capítulo IV de las Constituciones generales. 
En particular el tercer capítulo del documento: “Guardianes de la Creación”. Este enfrenta el problema de la degradación ambiental. Enfrenta el tema con el mensaje cristiano y franciscano. Presenta algunas experiencias de la Orden y formula una propuesta de actualización para la vida personal y fraterna a partir de la Sagrada Escritura, de los textos de la Iglesia y de los textos franciscanos.

Oración cristiana con la creación:

Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas,
que salieron de tu mano poderosa.
Son tuyas,
y están llenas de tu presencia y de tu ternura.
Alabado seas.
Hijo de Dios, Jesús,
por ti fueron creadas todas las cosas.
Te formaste en el seno materno de María,
te hiciste parte de esta tierra,
y miraste este mundo con ojos humanos.
Hoy estás vivo en cada criatura
con tu gloria de resucitado.
Alabado seas.
Espíritu Santo, que con tu luz
orientas este mundo hacia el amor del Padre
y acompañas el gemido de la creación,
tú vives también en nuestros corazones
para impulsarnos al bien.
Alabado seas.
Señor Uno y Trino,
comunidad preciosa de amor infinito,
enséñanos a contemplarte
en la belleza del universo,
donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud
por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos
con todo lo que existe.
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo
como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.
Ilumina a los dueños del poder y del dinero
para que se guarden del pecado de la indiferencia,
amen el bien común, promuevan a los débiles,
y cuiden este mundo que habitamos.
Los pobres y la tierra están clamando:
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz,
para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor,
para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura.
Alabado seas.
Amén.



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