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lunes, 14 de mayo de 2018

Bodas de Oro religiosa: Sor Rosario de la Santísima Trinidad

El domingo 13 de mayo, día de la Ascensión de Nuestro Señor y también que se recuerda un aniversario más de la aparición de la Santísima Virgen de Fatima en Portugal, se celebró en el Monasterio de Santa Clara en Barrios Altos - Lima la misa por los 50 años de profesión religiosa de Sor Rosario de la Santísima Trinidad. 
Sor Rosario.de la Santísima Trinidad sintió el llamado del Señor a los 23 años, ingresando al Monasterio Santa Clara Lima el 5 de junio de 1976.
Emitió sus votos de pobreza, castidad, obediencia y clausura el 12 de marzo de 1978. Aniversario que nos recuerda el significado de la vida contemplativa, que bien explicó durante su homilía Fray Alejandro Wiesse OFM. Ministro Provincial de San Francisco Solano.
La vida de clausura tiene la finalidad de mantener un clima de recogimiento, silencio, oración y otros recursos para la búsqueda de la unión mística con Dios. A pesar de esta separación física con "el mundo", los religiosos pretenden estar íntimamente unidos a la humanidad y a sus problemas a través de sus oraciones ofrecidas como intercesión. De ahí, por ejemplo que Santa Teresita del Niño Jesús, que nunca salió de su convento en Francia, sea la patrona de las misiones.
Entre las órdenes religiosas que practican la vida monástica de clausura en la actualidad tenemos como ejemplos: los monjes benedictinos, carmelitas, cartujos, cistercienses, jerónimos, trapenses, entre otros (en el caso de las comunidades de los hombres), y las monjas anunciadas, agustinas, benedictinas, carmelitas, clarisas, cartujas, concepcionistas, jerónimas, mínimas, visitandinas, entre otras. 

A los ojos de un mundo que todo lo mide con medidas de utilidad y beneficio, las monjas y monjes de clausura no sirven para nada. No tienen escuelas, no ayudan con catequesis o en la parroquias, no dirigen grupos juveniles, no dan clases en institutos o universidades, ni siquiera acogen o cuidan a enfermos o ancianos.
En los monasterios de clausura masculinos y femeninos, sólo rezan, se sacrifican y aman. Y es aquí donde radica su riqueza, su inmensa riqueza y valor. La oración de las monjas de clausura es como el corazón que bombea la sangre a todas partes del cuerpo. Su presencia silenciosa y orante da vida a la Iglesia y además es un consuelo constante a Cristo.
Arrancan de Dios a base de mucha oración, de mucho contacto con él, de sacrificios, enormes sacrificios, esas gracias que necesitamos todos.
FUENTE: CATHOLIC.NET, WIKIPEDIA.

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