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RADIO FRANCISCANA

martes, 31 de julio de 2018

31 de Julio: San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola, mejor conocido como San Ignacio de Loyola tras su canonización, fue un religioso español que pasó a la inmortalidad y se convirtió en sujeto de veneración en la Iglesia Católica como consecuencia de haber sido el fundador de la Compañía de Jesús, popularmente conocida como Los Jesuitas, que es una orden religiosa cuya finalidad es salvar y mejorar al prójimo a través de la consagrada acción evangélica de sus miembros.
Frente a la globalización de la indiferencia y la cultura del descarte, Ignacio vive la experiencia católica de la fe en diálogo con la razón y con la cultura, en una nueva mirada renovada, profunda a todas las cosas, en la honradez con la realidad en sus diversas dimensiones o aspectos. Tal como aparece en su Autobiografía, con esa vivencia decisiva en el Cardoner. Es una experiencia honda y mirada renovada a lo real que bebe de la misma entraña del Dios cristiano, el Dios Comunión y Solidaridad, que contempla toda la realidad del mundo e historia asumiendo la vida y la muerte, la alegría y el mal, el bien y la injusticia. Y que como respuesta honrada a esa realidad, como aparece en los Ejercicios Espirituales, Dios mismo en Cristo se encarna en la humanidad e historia, para regalar al mundo esta salvación en el amor y justicia que va liberando de todo mal e injusticia (EE 102-109).
El lugar y realidad de esta Encarnación de Dios en la realidad, que nos trae la salvación y liberación integral, es el amor y pobreza fraterna que nos libera de los ídolos de la riqueza-ser rico y del poder (cf. EE 102, 106-107). “El Señor nascido en summa pobreza, y a cabo de tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mí” (EE116). Es el “principio y fundamento” (EE 23), el ser libres ante estas idolatrías de las cosas, del tener y del poseer para que toda la realidad esté al servicio de la gloria de Dios y de los otros, con los frutos de santidad, reconciliación y justicia.
En el seguimiento de Jesús nos ponemos delante de Cristo Pobre-Crucificado y de los crucificados de la tierra por el mal, injusticia y pecado personal, social y estructural, el pecado del mundo. Con una comunión e identificación mística y solidaria con Jesús Crucificados y los crucificados por el mal e injusticia (EE 196-197), tal como es la experiencia mística de Ignacio en la Storta. En esta respuesta ante Cristo Crucificado que debo dar para la acción y el compromiso, como muy bien nos transmitió y testimonió el jesuita mártir I. Ellacuría desde toda esta espiritualidad ignaciana, se trata de bajar de la cruz a los pueblos crucificados e ir buscando todas estas mediaciones humanas, sociopolíticas, institucionales e históricas que posibilitan este servicio en el amor y justicia con los otros, con los pobres, en la defensa de la vida y dignidad de las personas.
Con la promoción de la civilización del trabajo y la pobreza en contra de la del capital y la riqueza. Una política y economía al servicio de las capacidades y necesidades de las personas, de los pueblos y de los pobres con un desarrollo liberador e integral, un trabajo digno con derechos como es un salario justo, por encima del capital, del lucro y beneficio. La vida austera y sobria con la pobreza solidaria en comunión de vida, bienes y luchas liberadoras por la justicia con los pobres de la tierra que es lo que nos va dando sentido, realización y felicidad; frente a la idolatría de la riqueza-ser rico, del poseer y del tener que se impone sobre este ser solidario.
Efectivamente, la fe y santidad como la de San Ignacio nos propone una vida libre, feliz y espiritual en esta “contemplación para alcanzar amor” (EE 230-237) que se realiza en el servicio y acción por el bien más universal, por el bien común y solidario. En este compartir la vida, los bienes y la justicia con los pobres. Una vida de espiritualidad y mística de comunión con Dios, con los otros, con los pobres y con toda la creación, con todo el universo y cosmos que expresa toda una ecología integral como la que San Ignacio encarnó en su tiempo y realidad. Una vida humanizadora, espiritual, plena y eterna que alcanzó San Ignacio con su santidad en el amor y en la iglesia.

Fuente https://www.quien.net/ignacio-de-loyola.php

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