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RADIO FRANCISCANA

viernes, 3 de agosto de 2018

Partió a la casa del Padre Fray Nemesio León Quiquia OFM


El 02 de agosto en horas de la mañana (10:40 a.m.) partió a la casa del Padre Fray Nemesio León Quiquia OFM dejando a la familia franciscana un dolor por lo abrupto de su partida.

Fray Nemesio, recibió del Señor grandes dones, vivió el carisma franciscano con devoción.
Siempre dispuesto para ayudar al que lo necesitaba, trabajó más de 12 años en Lima como Director del Museo San Francisco, en Huancayo, en Ilo, Arequipa.
El evangelio nos dice que el sinsabor nos confunde hasta casi la desesperación.
La vida es un conjunto de batallas que se pierde al final con la muerte.
Cada uno de nosotros en momentos como estos nos cuestionan, la palabra de Dios nos dice que la vida no termina con la muerte.
El significado de la muerte para el cristiano nos cuestiona. 
Sin embargo el gozo de la maternidad nos puede dar idea de la transición de la vida, cuando una mujer siente que la vida crece dentro de su viente sabe y goza la vida pero esta vida dentro del vientre es temporal, esta vida pasará luego de nueve meses del vientre de la madre a este viente que llamamos tierra.
Cuando nosotros nacemos a esta nueva vida empezamos a percibir todo con nuevos sentidos, con el olfato, con el oído, nuestra percepción cambia.

Para nosotros los católicos, lmuerte no tiene que ser vista como algo desagradable. ¡Es el encuentro definitivo con Dios!
Para nosotros los católicos, la muerte forma parte de la vida; no es una ruptura especialmente importante. Nosotros nos fiamos de Jesús que dio su vida por nosotros para que nosotros tengamos vida eterna.Creemos que Jesús resucitó y también nosotros resucitaremos con Él.
¿Cómo afrontamos los católicos la muerte?
Con serenidad, con confianza. Para nosotros la muerte no es "nada del otro mundo". Nos fijamos en Jesús cuando vio que su muerte se aproximaba y tratamos de tener sus mismas actitudes y su confianza en el Padre Dios:
"Adelantándose unos pasos, se inclinó hasta el suelo, y oró diciendo: Padre mío, si es posible, líbrame de esta copa de amargura; pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú." (Mateo 26, 39)
Hay que aprender a aceptar la muerte como algo que forma parte de la vida. Esto se logra poco a poco, fiándonos de Dios, poniendo en Él nuestra confianza. Los cristianos sabemos que todo no acaba con la muerte. Sabemos que el amor es más fuerte que la muerte.
Cuando muere una persona que queremos, nuestro amor hacia ella permanece intacto y, aunque pasen los años, el amor no muere nunca. Si hemos amado a Jesús con toda nuestra vida y con todo nuestro corazón, podemos decir con el apóstol san Pablo:
"Porque para mí la vida es Cristo, y la muerte ganancia. Pero si viviendo en este cuerpo puedo seguir trabajando para bien de la causa del Señor, entonces no sé qué escoger. Me es difícil decidirme por una de las dos cosas: por un lado, quisiera morir para ir a estar con Cristo, pues eso sería mucho mejor para mí; pero por otro lado, es más necesario por causa de ustedes que siga viviendo." (Filipenses 1, 21-24).
PRENSA FRANCISCANA/MLNA




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